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De cómo me volví freelance

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De cómo me volví freelance
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Por: Sara De Lille

Ser freelance da miedo, al menos eso he visto en los ojos de quien tiene su sólida y amada quincena asegurada. La verdad nunca quise ser oficinista pero si quería aprender, tenía que hacerlo.

Empecé a trabajar en agencias de publicidad, en diferentes áreas aunque siempre en redacción y siempre en digital. Luego me fui más a investigación y me encantaba, ahora hago todo lo que aprendí: redes sociales, contenidos para sitios e investigación de consumidor. Todo ahora lo puedo poner en acción.

A veces me da miedo abrir mi app de banco en mi celular y ver que la cantidad que queda después de pagar mis cuentas es casi tan pequeña como el domingo que me daba mi mamá cuando tenía 12 años. Pero saben qué, que es MUY CIERTO esa frase de “el dinero no compra la felicidad”. 

Tal vez no tengo en mi cuenta los dólares que quisiera para pasear o irme de fiesta, y sí, estoy trabajando para conseguirlos. Pero estoy tranquila la mayor parte del tiempo -excepto cuando sale la cantidad en luces neón en mi cerebro- en serio, la mayor parte del tiempo no pasa y puedo sentirme plena. Puedo tener mi relación de pareja la cual incluye un viaje al mes de seis horas en autobús (a veces avión cuando hay promoción). You got it, él no vive  en el DF.

¿Cómo le hice para ser freelance? Bueno, esa es otra historia. La verdad solo tuve que renunciar pensando que todo estaría bien. Lo hice autenticamente porque tenía un Plan B, mi novio de ese entonces tenía un colchón de dinero para que yo pudiera salirme de mi trabajo de oficina y sobrevivieramos unos meses en lo que montábamos el negocio de videos que teníamos ya echado a andar. Ahora que lo pienso tal vez de otra forma no me hubiera atrevido y por siempre eso será lo mejor que me pudo haber pasado.

Pero Oh sorpresa! El novio de ese entonces tuvo problemas existenciales y su cerebro se convirtió en una cosa parecida a una pasita. Decidió que la vida por donde iba no era lo suyo y huyó de la escena corriendo. Me quedé sin socio, sin colchón de dinero y sin trabajo de oficina. Sí, soy muy afortunada porque me salieron dos proyectos freelance constantes con trabajo y paga mensual para sobrevivir después de ese fuerte golpe.

Así fui comentado a mis conocidos, buscando en Linkedin, publicitando en reuniones… la cosa es hacer Relaciones Públicas en todo momento. No lo aprendí fácil, no lo he aprendido del todo, a veces me falta ser más vendible. Poco a poco salen más proyectos, claro que se caen muchos y hago mil cotizaciones para que ninguna se cierre. A veces el proyecto tarda meses en suceder y otras veces sale algo mensual que me da para la renta y la luz.

No es el camino más fácil pero para mí si ha sido el camino más feliz. Me ha enseñado mucho de mí misma, de como ser disciplinada, de cómo tratar a los clientes, de cómo no hacerlo… de poder ser dueña de mi tiempo y trabajar por objetivos (cómo siempre me ha gustado), también aprendo mucho de mí misma porque tengo tiempo para pensar en lo que quiero, en cómo lograrlo, en qué proyectos personales me llaman la atención y quiero echar a andar. También he aprendido que la vida no es sólo trabajar. Vale la pena invertir en la parte personal, casi tanto como en lo laboral, aunque eso no está bien visto o no está de moda. 

¿Cómo ser freelance sin morir en el intento? No dejando que el miedo nos pasme. Administrando lo mejor posible para que haya siempre dinero en la cuenta. Ahorrando para imprevistos. No endeudarse y… tener muy claro que lo que hacemos, nos hará muy muy felices.


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