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Un grupo de chicas dispuestas a hacer ruido, a escribir y a relatar experiencias personales para hablar de lo que nos pasa, nos interesa y nos incomoda.

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Cuando alguien cercano se va

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Por: Sara De Lille

No puedo decir que sé mucho sobre la muerte. He visto como amigos pierden a seres queridos muy muy cercanos, de un momento a otro, abruptamente. Eso me parece inimaginable, inexplicable y brutal. Sin embargo yo ahora llevo dos pérdidas cercanas pero de gente mayor, de esas personas que sabes que serán las primeras en irse, si el curso de la vida sigue su fluir habitual.

Y así pasó, en diciembre mi tía abuela Malena, quien fue una segunda madre para mi mamá, se nos fue. Al mismo tiempo, cuando ella entraba al hospital, nos hablaron: mi abuela también entraba al hospital. ¿Será que las hermanas estaban tan conectadas?

En diciembre juraba que se nos iban las dos con días de diferencia, sin embargo, mi abuela tan fuerte como siempre, salió de una operación y regresó a su casa. La tía abuela no tuvo tanta fuerza, regresando a su casa se nos fue.

Malena mi tía abuela y yo

Ahora mi abuelita Malú, la que era mi confidente y con la que hablaba todas las semanas, emprendió el vuelo. Fueron dos semanas de falsas alarmas, aunque ahora que lo veo, tal vez nos estaba preparando para su partida. Días de despedirnos, de estar a un lado y darle la mano, escucharla, darle de comer o velar su sueño.

La ausencia todavía no es tan palpable, no ha pasado ni una semana aunque ya la extraño. De pronto sólo veo imágenes de ella: sus caras chistosas, su forma de caminar, su preocupación por siempre estar bien peinada y arreglada -incluso en urgencias. Recuerdo cuando hablamos sobre la muerte en un día soleado en el jardín, y cómo me dio consuelo -muy a su manera- cuando pasaba por momentos difciles.

Malú siempre arreglada

Mi abuela nunca fue abuelita de cuento, no era tierna ni súper amorosa, abrazarla era un tanto incómodo y darle un besito era un viaje solo de ida nunca de regreso. Sin embargo tenía sus formas de ganarme con su franqueza, su simpatía, sus comentarios ácidos, su sabiduría e historias entretenidas.

Mi abuela en sus años mozos

De pronto la muerte me parece muy cercana. Casi siempre la tenemos fuera del radar hasta que nos da la bofetada, diciendo “No seas ilusa, la muerte es parte de la vida, todos se irán, tú te irás.”

Y es la muerte la que nos recuerda que estamos vivos. Mi abuela antes de irse ya con una máscara de oxígeno comió una concha de vainilla, porque era su favorita. Hasta su último momento quiso disfrutar un placer que sólo con el cuerpo se puede experimentar.

Mi abuela y yo, hace muchos ayeres

No sé qué viene después de la muerte, pero si algo entiendo es que el mundo material es algo especial cuando estamos en este planeta. Tocar la lluvia, los arbustos al caminar, escuchar los pajaritos, escuchar mi canción favorita, ver una película, sentir el agua caer en la regadera, tomar un café. Todos los estímulos adquieren mayor relevancia.

Y también la gente. Porque sin el cuerpo no podemos expresar afecto a otros, vernos a los ojos, darle la mano a alguien. Y con eso me quedo, con lo que ellas me compartieron. Y así nos apropiamos lo que nos sirva y dejamos pasar lo que no es nuestro para construirnos y luego compartirlo con otros.

Hasta pronto Malú.

Hasta pronto Malena.

 


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