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Un grupo de chicas dispuestas a hacer ruido, a escribir y a relatar experiencias personales para hablar de lo que nos pasa, nos interesa y nos incomoda.

La vida fuera de casa en 3 actos. Viviendo/estudiando en NY

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El comienzo.

Hola, soy Daniela, tengo 30 años y vivo en Nueva York. Nací, crecí y me desarrollé en la Ciudad de México. Estudié Comunicación Social en la UAM-X y trabajé 7 años en la Cineteca Nacional. Cuando me di cuenta de que cumpliría 30 años me pregunté muchas cosas: ¿Me quiero casar? ¿Quiero tener hijos? ¿A los cuántos años me voy a salir de mi casa? ¿Este trabajo me ayudará a lograrlo? ¿Qué soy: artista, fotógrafa, videógrafa, servidor público? ¿Quiero serlo toda mi vida? ¿Me veo más de 10 años en esta institución? ¿Me gusto? ¿Soy feliz?. El 12 de mayo, día de mi cumpleaños, llegaron algunas respuestas, otras supongo las iré descubriendo.

 

nueva york Daniel Lopez Amezquita

 

Hace 4 años fui de vacaciones con mi mejor amiga a Nueva York. Estaba asombrada por todas las luces de la Ciudad que nunca duerme. Toda la oferta cultural me dejó perpleja, desde la música y el arte callejero hasta la ópera y los grandes museos. Cuando llegué a mi casa después de dos semanas lo primero que les dije a mis papás fue: “Yo no sé cómo le voy a hacer pero yo quiero vivir ahí”.

Efectivamente no sabía cómo hacerle y los años pasaron. Seguí trabajando, viví grandes experiencias en la Cineteca e hice amigos entrañables que siempre me apoyan, pero la idea de irme seguía vagando en mi cabeza por lo que decidí aplicar para hacer una especialidad  de narrativa digital en Nueva York… ¡Y me quedé!. Cuatro años después de esas vacaciones aquí estoy.

La emoción no me cabía en el cuerpo, no sólo por estudiar, también me entusiasmaba vivir en esta ciudad que me fascina y me resulta monstruosa al mismo tiempo. Difícilmente hubiera podido salir de mi casa por lo apegada que soy a mis papás, por lo que el reto de venirme a estudiar era mayor, ya que ahora debía hacer todo lo que mi mamá hacía por mi. No saben cómo la extraño pero también no saben cómo agradezco valerme por mi misma.

 

El proceso.

Desde que obtuve mi carta de aceptación entré en pánico porque en sencillas palabras no tenía dinero pero sí muchas deudas. Siempre que veía a mis amigos irse a estudiar al extranjero me preguntaba ¿cómo le hacen? ¿Son ricos? ¿A poco hay tantas becas? Y pues indagando uno a uno me fueron diciendo cómo hacerle y ahí fue donde empezó mi viacrucis.

Empecé a buscar becas y desafortunadamente muchas convocatorias ya se  me habían pasado y en todas las demás que apliqué me batearon: porque no era maestría, porque las especialidades sí aplican pero no si son completamente en el extranjero, porque la ciencia es la prioridad… Total que no lo logré, hasta de un fideicomiso estatal me rechazaron porque la escuela no estaba en el ranking de las mejores universidades mundiales ¡Pffff! Como si al arte le importara eso.

La verdad es que terminé muy decepcionada de las Instituciones Públicas encargadas de las becas. Creo que es un tema que se debe discutir y que el nuevo gobierno debe cambiar. Debemos apostar más por las bellas artes, en fin. Le di muchas vueltas, pensé que no lo lograría pero, para bien o para mal, encontré otra opción de financiamiento  y con la ayuda de toda mi familia, ¡lo logré!. Hice mis maletas, conseguí un cuarto, empezó la chilladera en  mi casa e imagínense cuánto me tardé en conseguir el dinero que llegué el mero día que empezaban las clases.

 

La vida fuera de casa.

 

viviendo fuera de México

 

Llegué al monstruo llamado Nueva York, la Gran Manzana, la Ciudad que nunca duerme y que también es la Ciudad del no hay tiempo para nada, camina rápido, no te pares, no obstruyas el paso, sirenas de patrullas, ambulancias, bomberos cada cinco minutos, compra, paga, dinero, dinero, dinero… Y aún con todo esto, cada paso que doy en esta tierra me sabe a gloria.

Mi primera batalla fue con el metro, el Subway le llaman. No les miento, la primera semana me perdí de formas descomunales, no sabía cómo llegar a mis destinos, poco a poco aprendí y creo que esa ya es una batalla ganada. ¡Punto para Daniela!.

 

viviendo en otro país

 

Mi segunda batalla fue el choque cultural. Nueva York es la ciudad de “no hay tiempo para dar las gracias, ni salud, ni sobre mesa, ni explicaciones por lo que estás pagando…” aquí llegas haces lo tuyo y te vas ¡Qué estrés! Yo sólo quería un café y salí regañada por pagar con monedas *inserte aquí la carita triste*. Ni qué decir sobre el choque con la gente, no sabes a quién le tienes que dar un beso, dos besos, el abrazo, la mano, la sonrisa… en fin, ya mejor a todos les digo Hi! y a los mexicanos y latinoamericanos les doy abrazo y beso porque sé que ellos también necesitan calor de hogar. Y bueno, esta batalla también está ganada. ¡Otro punto para Daniela!

 

Mi tercera batalla es con el lenguaje. Para que te den la visa y como parte del trámite escolar, tuve que hacer un examen de inglés que apenitas pasé. Pero todo eso no importa porque aquí te debes acostumbrar a la rapidez y slang Neoyorkino y si a eso le sumamos los acentos de todo el mundo, imagínense lo complicada que puede ser una conversación pero ya soy experta en dos cosas: a) sonreír cuando no entiendo y b) aplicar el “sorry, I didn’t hear you”. Dependiendo del momento uso uno u otro. Esta batalla aún no está ganada.

Y mi cuarta y más difícil batalla es… *suenan los tambores* el dinero. Aquí de plano tienes que aplicar el sabio proverbio “El que convierte no se divierte” porque cuando ves que compras tu mayonesa del Pedrito Sola a 100 pesos pues como que te duele el codo, el corazón y la billetera pero después te das cuenta de que es más barato comer atún con mayonesa toda la semana y se te pasa. El peso mexicano se va como agua entre renta, comida y metro. Tal vez, en unos años, cuando sepa que mi fórmula funcionó, haga un tutorial sobre “Cómo sobrevivir en Nueva York y no morir en el intento”. Esta batalla está en proceso y espero poder ganarla.

 

 

Epílogo

Escribiendo este texto recordé por todo lo que pasé en menos de 6 meses y tengo muchas preguntas aún sin respuesta ¿Hice bien en venirme para acá? ¿Lograré mantenerme todo un año? ¿Encontraré un trabajo? ¿Valdrá la pena? ¿Les gustarán mis videos?. A lo único que puedo darle una respuesta en estos dos meses que llevo aquí es a que pese a todo, me encanta esta ciudad y disfruto cada paso que doy y lo que veo, como la pelea de ratas que vi en el metro el otro día, je.

 

Cuando Sara me invitó a escribir, pensé en hacer algo que nos motivara a conseguir nuestras metas y vencer los miedos económicos y sociales que nos atan a seguir en nuestra zona de confort, y hablo de nosotras porque yo me lo confirmo día a día para no perder la cabeza.

Nunca es tarde para cumplir ese deseo que tenemos en frente, sí es difícil y lloraremos mucho pero también reiremos mucho y si algo no sale bien, tendremos el recuerdo de lo vivido. No tengamos miedo a vivir fuera de casa, a conocer nuevos mundos, a sentir la soledad, la tristeza, la desesperación, porque a donde quiera que vayamos siempre habrá otra mujer con los mismos sueños, aspiraciones y que ya haya pasado por lo mismo que nos tenderá la mano y nos dará la fortaleza para seguir. Gracias por leer.

 

 

Por: Daniela López Amezquita


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